domingo, 22 de noviembre de 2009

.Maldito Muro.

Vacío y soledad.
Mis ojos no paran de secarse.Parpadeo,todo sigue igual. Contradición y miedo.
Miro por la ventana,sesación de libertad. Escalofríos. Ojalá acabe ya. Ojalá pare de recordar aquella habitación que lo vio todo. Que esté vacía, cubierta de polvo y no haya nada.
Como cuando sueñas y cierras los ojos y por solo unos segundos tu magnética fantasía se convierte en realidad.
Chasquido.Abrir los ojos. La habitación sigue igual.Quiero abrir la puerta pero continúo aferrándome al maldito sentimiento de soledad que se apodera de mí al bajar de mi sueño.
Ahora noto cómo ninguna de las piezas encaja.
Desquiciada miro por la ventana, y pasan los meses, y da vueltas la espiral de la que me propuse no salir ese día del calendario.
Entonces vuelvo al tren, a mis paseos sin rumbo, a la angustia existencial. De nuevo contradicciones.
Y no llego a conocerme, como tantas veces he querido.
Trocitos de papel extendidos en la madera, tan fría y calculadora como mi cabeza.Mi mirada en ellos, y.. sigo sin llorar.
Noto mi corazón latir al mismo ritmo, el del reloj de la mesilla, el de los recuerdos, el de las mentiras y la desesperación.
Lo estoy volviendo a hacer -lo vuelvo a hacer- ¿ por qué me siento así?
Vuelvo atrás en el tiempo.
Respírame, para que consiga desaparecer entre los papeles y las sombras que ocupan esos pesados recuerdos que continúan persiguiéndome, que nublan mi visión y no soy capaz de disfrutar de la viveza del color.
Me haré cenizas. Todo tan simbólico... tan imperceptible, tan bello, para que consiga llorar.
Adiós.
( Sorbiendo un café edulcorado y dolorosamente frío).

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